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El ayuno: un remedio antiguo

El ayuno: un remedio antiguo

En lugar de buscar alguna dieta milagrosa exótica, nunca vista antes, que nos ayude a acabar con la resistencia a la insulina, vamos a enfocarnos en una antigua tradición de curación de eficacia demostrada. El ayuno es uno de los remedios más antiguos en la historia de la humanidad y ha formado parte de la práctica de casi todas las culturas y religiones del planeta. 


Siempre que se menciona el ayuno se produce la misma reacción. La persona gira los ojos hacia arriba y dice: «¿Pasar hambre? ¿Es esta la respuesta?». No. El ayuno es algo completamente diferente. La inanición es la ausencia involuntaria de alimento. No es deliberada ni está controlada. Las personas que pasan hambre no tienen ni idea de cuándo ni de dónde vendrá su próxima comida. El ayuno, sin embargo, es la abstinencia voluntaria de la ingesta de alimentos por razones espirituales, de salud u otras. El ayuno se puede practicar a lo largo de cualquier período de tiempo, desde unas pocas horas hasta unos pocos meses. En cierto sentido, en realidad forma parte de la vida cotidiana. El término desayuno hace referencia a la comida que deshace el ayuno que llevamos a cabo todas las noches. 


El ayuno tiene una larga historia como tradición curativa. Hipócrates de Cos (c. 460-c. 370 a. de C.) es considerado por muchos el padre de la medicina moderna. Entre los tratamientos que prescribió y defendió estuvieron la práctica del ayuno y el consumo de vinagre de sidra de manzana. Escribió: «Comer cuando se está enfermo es alimentar la enfermedad». El antiguo escritor e historiador griego Plutarco (c. 46-c. 120) también se hizo eco de esta opinión: «En lugar de usar medicamentos, hoy, mejor ayuna». Platón y su discípulo Aristóteles eran asimismo firmes partidarios del ayuno. 


Los antiguos griegos creían que los tratamientos médicos podían descubrirse observando la naturaleza. Los seres humanos, como la mayoría de los animales, no comen cuando enferman. Piensa en la última vez que estuviste enfermo de gripe; probablemente lo último que te apetecía hacer era comer. El ayuno parece ser una respuesta universal a múltiples formas de enfermedades y está arraigado en la herencia humana. Es tan antiguo como la humanidad misma. En cierta forma, podemos decir que tenemos incorporado el instinto de ayunar. 


Los antiguos griegos también creían que el ayuno mejoraba las habilidades cognitivas. Piensa en la última vez que te diste un atracón por Navidad. ¿Te sentiste con mayor energía y más atento después? ¿O te sentiste más bien somnoliento y un poco aturdido? Lo más probable es que experimentases esto último. En estos casos, se deriva más sangre al sistema digestivo para hacer frente a la enorme afluencia de alimentos, lo que deja menos sangre disponible para atender la función cerebral. El ayuno tiene el efecto contrario: libera más sangre para el cerebro. Otros gigantes intelectuales fueron también grandes defensores del ayuno. Paracelso (1493-1541), el fundador de la toxicología y uno de los tres padres de la medicina occidental moderna (junto con Hipócrates y Galeno), escribió: «El ayuno es el mayor remedio, el médico que tenemos dentro». Benjamin Franklin (1706-1790), uno de los padres fundadores de los Estados Unidos y famoso por sus extensos conocimientos, escribió en una ocasión: «La mejor medicina de todas es descansar y ayunar». 


El ayuno vinculado con propósitos espirituales es practicado extensamente y sigue formando parte de casi todas las grandes religiones del mundo. Tanto Jesucristo como Buda y el profeta Mahoma creían en el poder del ayuno. Tanto en términos espirituales como prácticos, a menudo se dice que constituye una limpieza o purificación. Su práctica se desarrolló independientemente en el seno de distintas religiones y culturas, no como algo perjudicial, sino como algo que era profunda e intrínsecamente beneficioso para el cuerpo y el espíritu humanos.1 En el budismo, normalmente se come solo por la mañana, de modo que los seguidores de esta doctrina ayunan diariamente desde el mediodía hasta la mañana siguiente. Además de esto, puede ser que lleven a cabo ayunos en que lo único que consumen es agua, durante días o semanas. Los cristianos de la Iglesia ortodoxa griega pueden llevar a cabo varios ayunos durante un total de ciento ochenta o doscientos días al año. 


El doctor Ancel Keys dijo a menudo que Creta era el paradigma de la saludable dieta mediterránea. Pero había un factor de una importancia determinante que pasó completamente por alto: la mayor parte de la población de la isla era fiel al ayuno en los términos de la Iglesia ortodoxa griega. Los musulmanes ayunan desde el amanecer hasta el atardecer durante el mes sagrado del ramadán. El profeta Mahoma también era partidario de que se ayunase los lunes y los jueves de todas las semanas. El ramadán difiere de muchos protocolos de ayuno en el hecho de que no solo no se pueden tomar alimentos sino que tampoco se pueden beber líquidos, por lo que quienes practican esta forma de ayuno pasan por un período de deshidratación leve. Además, dado que se permite comer antes del amanecer y después de la puesta del sol, unos estudios llevados a cabo recientemente indican que la ingesta calórica diaria aumenta significativamente durante este período.2 Atiborrarse, especialmente de carbohidratos altamente refinados, antes del amanecer y después del atardecer, contrarresta gran parte de los beneficios del ayuno.


Fuente: Libro “El código de la obesidad”