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Ayuno y sus Beneficios

Ayuno y sus Beneficios

El 3 de octubre de 2016, la Asamblea Nobel en el Instituto Karolinska otorgó el Premio Nobel de Fisiología y Medicina a Yoshinori Ohsumi por sus hallazgos de los mecanismos para la autofagia.

Pero, ¿qué es la autofagia? La palabra deriva del griego auto (propio) y phagein (para comer). Así que la palabra literalmente significa comerse a uno mismo. Básicamente, este es el mecanismo del cuerpo para deshacerse de toda la maquinaria de células viejas y descompuestas (orgánulos, proteínas y membranas celulares) cuando ya no hay energía suficiente para sustentarlas. Es un proceso regulado y ordenado para degradar y reciclar componentes celulares.

Existe un proceso similar y más conocido, la apoptosis, también conocida como la muerte celular programada. Las células, después de un cierto número de divisiones, están programadas para morir. Si bien esto puede sonar algo macabro al principio, ten en cuenta que este proceso es fundamental para mantener una buena salud. Por ejemplo, supongamos que tienes un auto. Amas este auto, tienes grandes recuerdos con él, te encanta manejarlo.

Pero después de unos años, comienza a parecer un poco destartalado. Después de unos cuantos más, ya no luce muy bien. El auto te está costando miles de dólares cada año en reparaciones. Se avería todo el tiempo. ¿Es mejor mantenerlo cuando no es más que un montón de chatarra? Sin duda no. Así que deshazte de él y compra un nuevo automóvil vistoso.

Lo mismo sucede en el cuerpo. Las células envejecen y se convierten en chatarra. Es mejor que estén programadas para morir cuando se termine su vida útil. Suena muy cruel, pero así es la vida. Es el proceso de la apoptosis, en el que las células están predestinadas a morir después de una cierta cantidad de tiempo. Es como rentar un auto. Después de un cierto período de tiempo, te deshaces de él, tanto si funciona como si no. Y entonces obtienes un auto nuevo. No tienes que preocuparte de que se averíe en el peor momento posible.

Autofagia: sustituir las partes antiguas de la célula

El mismo proceso también ocurre a nivel subcelular. No tienes que cambiar necesariamente todo el auto. Algunas veces, solo es necesario cambiar la batería, tirar la vieja y comprar una nueva. Esto también ocurre en las células. En lugar de eliminar toda la célula (apoptosis), solo quieres reemplazar algunas partes de la célula. Ese es el proceso de autofagia, donde se destruyen los orgánulos subcelulares y se reconstruyen otros para reemplazarlos. Se pueden eliminar las membranas celulares viejas, los orgánulos y otros desechos celulares. Esto se hace enviándola al lisosoma, que es un orgánulo especializado que contiene enzimas para degradar las proteínas.

La autofagia se describió por primera vez en 1962, cuando los investigadores notaron un aumento de la cantidad de lisosomas (la parte de la célula que destruye cosas) en las células hepáticas de ratas después de infundir glucagón. El científico galardonado con un Premio Nobel, Christian de Duve, acuñó el término autofagia. Las partes subcelulares dañadas y las proteínas no utilizadas se marcan para su destrucción y luego se envían a los lisosomas para finalizar el trabajo.

Uno de los reguladores clave de la autofagia es la quinasa llamada diana de la rapamicina de mamífero (mTOR). Cuando la mTOR está activada, suprime la autofagia, y cuando está inactiva, la promueve.

¿Qué activa la autofagia?

La privación de nutrientes es el activador clave de la autofagia. Recuerda que el glucagón es una especie de hormona opuesta a la insulina. Es como el juego al que jugamos de niños: “el mundo al revés”. Si la insulina aumenta, el glucagón disminuye. Si la insulina disminuye, el glucagón aumenta. Cuando comemos, la insulina aumenta y el glucagón disminuye. Cuando no comemos (ayuno), la insulina disminuye y el glucagón aumenta. Este aumento del glucagón estimula el proceso de autofagia. De hecho, ayunar (aumentar el glucagón) proporciona el mayor impulso conocido para la autofagia.

Esto es básicamente una forma de limpieza celular. El cuerpo identifica un equipamiento celular viejo y deficiente y lo marca para su destrucción. Es la acumulación de toda esta basura la que puede ser responsable de muchos de los efectos del envejecimiento.

El ayuno en realidad es mucho más beneficioso que simplemente estimular la autofagia. Hace dos cosas buenas. Al estimular la autofagia, estamos eliminando todas nuestras antiguas proteínas y piezas celulares. Al mismo tiempo, el ayuno también estimula la hormona del crecimiento, lo que le dice a nuestro cuerpo que comience a producir algunas nuevas y vistosas partes para el cuerpo. Estamos realmente proporcionando al cuerpo una renovación completa.

Debes deshacerte de las cosas viejas antes de poder añadir cosas nuevas. Piensa en renovar tu cocina. Si tienes armarios verde lima viejos y desvencijados, de estilo años 70, tienes que tirarlos antes de poner nuevos. Así que el proceso de destrucción (eliminación) es tan importante como el proceso de creación. Si simplemente intentaras poner armarios nuevos sin quitar los viejos, quedaría horrible. Por lo que el ayuno puede revertir el proceso de envejecimiento de varias formas, eliminando la chatarra celular vieja y reemplazándola con partes nuevas.

Un proceso sumamente controlado

La autofagia es un proceso sumamente regulado. Si estuviera fuera de control sería perjudicial, por lo que debe controlarse cuidadosamente. En las células de los mamíferos, el agotamiento total de aminoácidos es una señal fuerte para la autofagia, pero el papel de los aminoácidos individuales es más variable. Sin embargo, los niveles plasmáticos de aminoácidos varían solo un poco. Se cree que las señales de los aminoácidos y las señales de factor de crecimiento/insulina convergen en la vía mTOR, algunas veces llamada el regulador maestro de la señalización de nutrientes.

Así que durante la autofagia, los viejos componentes celulares se descomponen en aminoácidos componentes (el componente básico de las proteínas). ¿Qué pasa con estos aminoácidos? En las primeras etapas de la inanición, los niveles de aminoácidos comienzan a aumentar. Se cree que estos aminoácidos derivados de la autofagia se administran al hígado para la gluconeogénesis. También se pueden descomponer en glucosa a través del ciclo del ácido tricarboxílico (CAT). El tercer destino posible de los aminoácidos es incorporarse a nuevas proteínas.

Las consecuencias de la acumulación de proteínas viejas en todos sitios se pueden ver en dos de las afecciones más importantes: la enfermedad de Alzheimer y el cáncer. La enfermedad de Alzheimer implica la acumulación de proteína anormal, ya sea beta amiloide o proteína Tau que estropea el sistema cerebral. Tendría sentido que un proceso como la autofagia, que tiene la capacidad de eliminar las viejas proteínas, pudiera prevenir el desarrollo del Alzheimer.

¿Qué desactiva la autofagia? Comer. La glucosa, la insulina (o la disminución del glucagón) y las proteínas desactivan este proceso de autolimpieza. Y no hace falta mucho. Incluso una pequeña cantidad de aminoácidos (leucina) podría detener la autofagia. Por lo tanto, este proceso de autofagia es exclusivo del ayuno, algo que no ocurre con la restricción calórica simple o la dieta.

Aquí hay un equilibrio, por supuesto. Enfermas por demasiada autofagia, además de por muy poca. Lo que nos devuelve al ciclo natural de la vida: festines y ayunos. No hacer dieta de forma constante. Esto permite el crecimiento celular cuando se come y la limpieza celular durante el ayuno: equilibrio. En la vida todo es equilibrio.

Fuente: Dr. Jason Fung (www.dietdoctor.com)




La Respuesta del Cuerpo al Ayuno

La Respuesta del Cuerpo al Ayuno

La glucosa y la grasa nuestras las principales fuentes de energía. Cuando la glucosa no está disponible, el cuerpo se adapta y acude a las reservas de grasa, sin que ello implique ningún perjuicio para la salud. Esta compensación forma parte de la vida, de un modo natural. Siempre han tenido lugar períodos de escasez de alimentos a lo largo de la historia de la humanidad, y nuestro organismo ha desarrollado procesos para lidiar con este hecho desde el Paleolítico. La transición del estado de alimentación al estado de ayuno se desarrolla en varias etapas:


  1. Alimentación: durante las comidas, los niveles de insulina suben. Esto permite que tejidos como los músculos o el cerebro absorban la glucosa para utilizarla directamente como energía. El exceso de glucosa se almacena como glucógeno en el hígado. 

  1. Fase de posabsorción (entre seis y veinticuatro horas después del comienzo del ayuno): los niveles de insulina empiezan a bajar. La descomposición del glucógeno libera glucosa para que se utilice como energía. Las reservas de glucógeno duran unas veinticuatro horas. 

  1. Gluconeogénesis (entre veinticuatro horas y dos días después del inicio del ayuno): el hígado produce nueva glucosa a partir de los aminoácidos y el glicerol. En las personas no diabéticas, los niveles de glucosa disminuyen pero permanecen dentro del rango normal. 

  1. Cetosis (entre uno y tres días después del comienzo del ayuno): los triglicéridos (que constituyen la forma de almacenamiento de la grasa) se descomponen en glicerol y tres cadenas de ácidos grasos. El glicerol se emplea para la gluconeogénesis, mientras que los ácidos grasos pueden utilizarlos directamente muchos tejidos del cuerpo para obtener energía, pero no el cerebro. Los cuerpos cetónicos, que son capaces de atravesar la barrera hematoencefálica, se producen a partir de ácidos grasos para su uso por parte del cerebro. Las cetonas pueden suministrar hasta el 75% de la energía que consume este órgano.4 Los dos principales tipos de cetonas que se producen son el betahidroxibutirato y el acetoacetato, que pueden aumentar más de setenta veces durante el ayuno.

  1. Fase de conservación de proteínas (a partir del quinto día desde el inicio del ayuno): niveles altos de la hormona del crecimiento mantienen la masa muscular y los tejidos magros. La energía requerida para el mantenimiento del metabolismo basal se obtiene, casi en su totalidad, de los ácidos grasos libres y las cetonas. El aumento de los niveles de norepinefrina (adrenalina) evita la disminución de la tasa metabólica. El cuerpo humano sabe hacer frente a la ausencia de alimentos. Lo que se está describiendo aquí es el proceso por el que el organismo pasa de quemar glucosa (a corto plazo) a quemar grasa (a largo plazo). La grasa no es más que la energía de los alimentos que hemos almacenado. En tiempos de escasez, la comida almacenada (la grasa) se libera naturalmente para llenar el vacío. El cuerpo no «quema músculo» sino que hace el esfuerzo de alimentarse de las grasas que ha acumulado. No quema nada más mientras queden reservas de ellas. Es fundamental observar que todos estos cambios adaptativos, beneficiosos, no tienen lugar en la estrategia dietética de la reducción calórica.

Fuente: Libro “El código de la obesidad”



El ayuno: un remedio antiguo

El ayuno: un remedio antiguo

En lugar de buscar alguna dieta milagrosa exótica, nunca vista antes, que nos ayude a acabar con la resistencia a la insulina, vamos a enfocarnos en una antigua tradición de curación de eficacia demostrada. El ayuno es uno de los remedios más antiguos en la historia de la humanidad y ha formado parte de la práctica de casi todas las culturas y religiones del planeta. 


Siempre que se menciona el ayuno se produce la misma reacción. La persona gira los ojos hacia arriba y dice: «¿Pasar hambre? ¿Es esta la respuesta?». No. El ayuno es algo completamente diferente. La inanición es la ausencia involuntaria de alimento. No es deliberada ni está controlada. Las personas que pasan hambre no tienen ni idea de cuándo ni de dónde vendrá su próxima comida. El ayuno, sin embargo, es la abstinencia voluntaria de la ingesta de alimentos por razones espirituales, de salud u otras. El ayuno se puede practicar a lo largo de cualquier período de tiempo, desde unas pocas horas hasta unos pocos meses. En cierto sentido, en realidad forma parte de la vida cotidiana. El término desayuno hace referencia a la comida que deshace el ayuno que llevamos a cabo todas las noches. 


El ayuno tiene una larga historia como tradición curativa. Hipócrates de Cos (c. 460-c. 370 a. de C.) es considerado por muchos el padre de la medicina moderna. Entre los tratamientos que prescribió y defendió estuvieron la práctica del ayuno y el consumo de vinagre de sidra de manzana. Escribió: «Comer cuando se está enfermo es alimentar la enfermedad». El antiguo escritor e historiador griego Plutarco (c. 46-c. 120) también se hizo eco de esta opinión: «En lugar de usar medicamentos, hoy, mejor ayuna». Platón y su discípulo Aristóteles eran asimismo firmes partidarios del ayuno. 


Los antiguos griegos creían que los tratamientos médicos podían descubrirse observando la naturaleza. Los seres humanos, como la mayoría de los animales, no comen cuando enferman. Piensa en la última vez que estuviste enfermo de gripe; probablemente lo último que te apetecía hacer era comer. El ayuno parece ser una respuesta universal a múltiples formas de enfermedades y está arraigado en la herencia humana. Es tan antiguo como la humanidad misma. En cierta forma, podemos decir que tenemos incorporado el instinto de ayunar. 


Los antiguos griegos también creían que el ayuno mejoraba las habilidades cognitivas. Piensa en la última vez que te diste un atracón por Navidad. ¿Te sentiste con mayor energía y más atento después? ¿O te sentiste más bien somnoliento y un poco aturdido? Lo más probable es que experimentases esto último. En estos casos, se deriva más sangre al sistema digestivo para hacer frente a la enorme afluencia de alimentos, lo que deja menos sangre disponible para atender la función cerebral. El ayuno tiene el efecto contrario: libera más sangre para el cerebro. Otros gigantes intelectuales fueron también grandes defensores del ayuno. Paracelso (1493-1541), el fundador de la toxicología y uno de los tres padres de la medicina occidental moderna (junto con Hipócrates y Galeno), escribió: «El ayuno es el mayor remedio, el médico que tenemos dentro». Benjamin Franklin (1706-1790), uno de los padres fundadores de los Estados Unidos y famoso por sus extensos conocimientos, escribió en una ocasión: «La mejor medicina de todas es descansar y ayunar». 


El ayuno vinculado con propósitos espirituales es practicado extensamente y sigue formando parte de casi todas las grandes religiones del mundo. Tanto Jesucristo como Buda y el profeta Mahoma creían en el poder del ayuno. Tanto en términos espirituales como prácticos, a menudo se dice que constituye una limpieza o purificación. Su práctica se desarrolló independientemente en el seno de distintas religiones y culturas, no como algo perjudicial, sino como algo que era profunda e intrínsecamente beneficioso para el cuerpo y el espíritu humanos.1 En el budismo, normalmente se come solo por la mañana, de modo que los seguidores de esta doctrina ayunan diariamente desde el mediodía hasta la mañana siguiente. Además de esto, puede ser que lleven a cabo ayunos en que lo único que consumen es agua, durante días o semanas. Los cristianos de la Iglesia ortodoxa griega pueden llevar a cabo varios ayunos durante un total de ciento ochenta o doscientos días al año. 


El doctor Ancel Keys dijo a menudo que Creta era el paradigma de la saludable dieta mediterránea. Pero había un factor de una importancia determinante que pasó completamente por alto: la mayor parte de la población de la isla era fiel al ayuno en los términos de la Iglesia ortodoxa griega. Los musulmanes ayunan desde el amanecer hasta el atardecer durante el mes sagrado del ramadán. El profeta Mahoma también era partidario de que se ayunase los lunes y los jueves de todas las semanas. El ramadán difiere de muchos protocolos de ayuno en el hecho de que no solo no se pueden tomar alimentos sino que tampoco se pueden beber líquidos, por lo que quienes practican esta forma de ayuno pasan por un período de deshidratación leve. Además, dado que se permite comer antes del amanecer y después de la puesta del sol, unos estudios llevados a cabo recientemente indican que la ingesta calórica diaria aumenta significativamente durante este período.2 Atiborrarse, especialmente de carbohidratos altamente refinados, antes del amanecer y después del atardecer, contrarresta gran parte de los beneficios del ayuno.


Fuente: Libro “El código de la obesidad”