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Ayuno y autofagia

El año pasado, el Premio Nobel de Fisiología de la Medicina fue otorgado a Yoshinori Ohsumi por descubrir algunos de los mecanismos de la autofagia, el proceso por el cual la célula se devora a sí misma. Superficialmente, esto suena como algo terrible para nuestras células, hasta que consideras lo que realmente está sucediendo. Cuando nuestras células experimentan el proceso de autofagia, las partes no esenciales como las proteínas dañadas se reciclan y los microorganismos invasores y los compuestos tóxicos se eliminan. Esto significa que la autofagia juega un papel importante para detener el proceso de envejecimiento, revertir la enfermedad y prevenir el cáncer, pero no sucede todo el tiempo. El ayuno, la restricción de proteínas y la restricción de carbohidratos son las tres formas principales que pueden iniciar diferentes procesos autofágicos, los cuales no son iguales. Esto es parte de la razón por la que una dieta cetogénica tiene tantos efectos positivos, y también te muestra por qué el ayuno intermitente es una manera de mejorar aún más tu dieta.

 

Como sabemos ahora, las células proteicas constituyen prácticamente todo en nuestro cuerpo (cabello, piel, ojos, órganos, músculos, etc.), todos los cuales tienen una vida útil limitada. Afortunadamente, estas células pueden ser recicladas. El ayuno intermitente induce la autofagia. También tiene un profundo impacto en la reducción de la glicación, A.G.Es y el estrés oxidativo en las células. La autofagia es especialmente importante para la piel, ya que las proteínas del colágeno tienen una vida más larga que otras proteínas, lo que puede ocasionar que se acumule más daño a través de A.G.Es. Se ha demostrado que el ayuno intermitente y la restricción de calorías ralentizan significativamente este proceso.

Ayuno y enfermedades cardiovasculares

Un estudio publicado en el British Journal of Nutrition, en el que los investigadores asignaron a 27 participantes con sobrepeso la Dieta 5:2 (método que consiste básicamente en comer normalmente por cinco días de la semana, mientras que los otros dos restringen las calorías a 500-600 por día) o una dieta diaria con restricción de calorías y les pidieron que perdieran el 5% de su peso.

El estudio tuvo como objetivo analizar los efectos de la dieta 5:2 sobre la capacidad del cuerpo para metabolizar la grasa y la glucosa después de una comida y compararla con los efectos de la pérdida de peso lograda mediante una dieta diaria de restricción calórica.

Los participantes a los que les fue asignada la dieta 5:2 siguieron el régimen de comer normalmente durante cinco días y restringieron sus calorías a 600 calorías en sus dos “días de ayuno”.

Mientras tanto, los que seguían la dieta diaria debían comer 600 calorías menos al día que sus necesidades estimadas: las mujeres comían alrededor de 1.400 calorías y los hombres consumían unas 1.900 al día.

De los participantes que completaron el experimento, aquellos en el 5:2 alcanzaron su objetivo de pérdida de peso del 5% en 59 días en comparación con aquellos en la dieta diaria de restricción calórica que lo lograron en 73 días.

Los investigadores encontraron que aquellos que cumplieron la diera del 5:2 eliminaron la grasa de la sangre después de las comidas más rápido que aquellos que cumplieron la dieta de restricción de calorías diarias. También encontraron que la presión arterial sistólica (la presión en los vasos sanguíneos cuando late el corazón) se redujo en un 9% en los que siguen la dieta 5:2, en comparación con un aumento del 2% entre los que siguen la dieta diaria.

“Una reducción en la presión arterial sistólica reduce la presión sobre las arterias, lo que podría reducir la incidencia de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares”, dijo la Universidad.

Rona Antoni, investigadora en la Universidad de Surrey, dijo: “Para aquellos que fueron capaces de mantener la dieta 5:2, hubo un impacto beneficioso en algunos marcadores de riesgo importantes relacionados con las enfermedades cardiovasculares, en algunos casos más que en la dieta diaria.”

Ayuno y cáncer

Como primer planteamiento al respecto, las células cancerosas tienen mutaciones que, en situación de hambre, les impide redirigir sus recursos a funciones diferentes del crecimiento, reduciéndose también la expresión de muchos genes protectores. Eso las hace más propensas a morir. De

este modo, el ayuno expondría a la célula cancerosa a un entorno hostil, al tiempo que protege a la célula normal de los efectos de esta última.

La segunda hipótesis destacable es la relación entre ayuno y la flora intestinal. Esta tiene un papel plausible en el correcto funcionamiento de, entre otros, el sistema inmune, así como en la prevención del cáncer. El ayuno podría influir sobre ella y, secundariamente, sobre el cáncer. Además, se ha postulado que el organismo podría utilizar el ayuno como mecanismo defensivo para inhibir el crecimiento de células cancerígenas.

Tan importante como actuar contra la enfermedad con los recursos disponibles, principalmente convencionales, es mantener y reforzar el potencial autorregenerativo del paciente. A tal fin, y entre otros efectos positivos, el ayuno y la restricción calórica podrían tener una utilidad nada despreciable. No hay una enfermedad estática llamada cáncer, sino muchas y dinámicas, afectando a personas muy distintas en términos, entre otros, de susceptibilidad y reactividad individuales.

El contexto actual, con una demanda creciente de las medicinas tradicional, complementaria y alternativa, y la obtención de pruebas científicas en su apoyo, invita a la prudente y controlada incorporación en la asistencia a pacientes oncológicos de algunas de sus técnicas y procedimientos, entre los que tendríamos que valorar el ayuno y la restricción calórica.

Ayuno y longevidad

A medida que envejecemos, ciertas hormonas disminuyen, mientras que otras aumentan. El flujo de sangre al cerebro disminuye, las neuronas se reducen, el volumen general del cerebro se reduce y nuestras mitocondrias comienzan a producir más radicales libres. El ayuno intermitente puede retardar la degradación neuronal y celular y, en última instancia, el envejecimiento. Ayuda también al cerebro al proteger las células nerviosas de la degeneración y del estrés causado por la sobreestimulación. Además, el ayuno intermitente mejora a los pacientes con depresión, quienes han informado haber tenido una sensación de paz, alerta mental y un mejor estado de ánimo mientras ayunaban. Un informe de 2013 encontró que el ayuno intermitente mejora la cognición y la memoria, otra medida contra la detección de enfermedades neurodegenerativas. Finalmente, un estudio de 50 adultos mayores descubrió que tres meses de restricción calórica aumentaron la memoria.